Las camas de matrimonio están echas para dos. Y para uno que echa de menos al otro. Todos tenemos una cama de matrimonio que a veces te recuerda lo solo que estarás esa noche, o quizás te recuerde lo afortunado que eres de tener a esa persona durmiendo a tu lado. Es como un trozito de cama, que a veces sobra o que a veces falta; es como algo milagroso para algunos y algo mortífero para otros. El caso, es que todos sabemos lo bonito que es despertarse a las cinco de la mañana y notar una mano que te abraza y una respiración en tu espalda, te hace dormir más tranquilo. Pero todos sabemos también, lo doloroso que es despertarte a las cuatro de la mañana, a causa de una pesadilla (alguien te perseguía) y no tener a nadie que te diga ``tranquila, solo era un mal sueño´´. Con todo esto vengo a decir que quizás todo aquello que un día te traía felicidad, al día siguiente te trae otra sensación menos agradable. Esto es un continuo vaivén de sí pero no, de no pero quizás si, de no porque duele o de sí porque sí.
Quizás la solución sea poner el despertador cada noche, a las cinco de la mañana y no a las cuatro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sonrisa.