Ella se perdió en aquel mar que eran sus ojos, él la llamaba cada noche esperando que apareciese, se escribían, se llamaban, se añoraban, se conocían en sueños y al despertar la almohada solo tenía restos de caricias. Crecieron, se hicieron mayores, maduraron y jamás se conocieron. Aún se recuerdan.
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Sonrisa.